domingo, 20 de abril de 2014

Y si de vacíos hablamos.


Su voz sonaba vacía, lejana, como quien ya no esta aquí ni allá pero esta en alguna parte, como quien ya no esta con uno y se limita a un recuerdo, su voz sonaba como a quien no le interesa el tema.
Tenia los gritos de la tarde en la garganta en las manos y en los ojos, no tenia ganas de nada que no me acelerara la vida un poquito, y no pude más, y los recuerdos se disparaban como ráfagas de viento. Y te sentí vació y sentí tu espacio frió y te sentí humo y te ibas de mis manos y de mi aliento y no quedaban más que cenizas, y recordé que no me gustan las sensaciones de las despedidas, como si se te quemara la garganta y al mismo tiempo se te congelara el pecho, como si lo que se fuera no fuese una persona sino el aire, tampoco me gusta ese momento en el que el cielo se torna naranjarosado que da a entender que la tarde se acaba, como quien avisa su final.

Lo que más me resulta complejo de las despedidas, de un adiós anunciado, es el echo de olvidar los recuerdos que tenemos más frescos en la memoria, esos recuerdos con vida propia por el echo de ser parte de los momentos en que se fue feliz, como la noche que olvida la tarde soleada que le abrió paso, como el día que olvida que tuvo inicio y solo ve su fin. Y a pesar de no ser amante de las despedidas y de que he estado de acuerdo en que el truco esta en irse sin hacer ruido, me hubiera gustado que adornaras tu ruido con colores azules y morados con jazz con blues con rock o con abrazos que me acariciaran el alma ausente de quien queda solo en recuerdo, como la tarde que pinta el cielo anunciando un adiós. Pero qué se le puede pedir a las intenciones egoístas de un alma insatisfecha.

Te quise y ese no fue el error, el error estaba en creer que tu dabas el paso a la par conmigo, el error fue no haberme dado cuenta que tras cada espacio que dejabas en nuestras conversaciones sobre el "futuro" solo habían vacíos que te atormentaban con un nudo en la garganta en el alma y en la vida. Pero los errores enseñan y yo he aprendido a no seguir queriendo como si hubiese encontrado el cielo en una mirada, la calma en unos brazos y el respiro en una sonrisa que tal vez ni la dibujaba yo, no se que habrás aprendido tu pero estoy casi segura que no aprendiste a ponerle frente a los asuntos que te obstruyen la calma y te obligan a elegir.

Me parece egoísta de tu parte creer que todas las historias acaban con un adiós seco que se queda ahogado en las buenas intenciones, un adiós que no fue pensado para dos, sino para la conveniencia de uno solo, me parece egoísta de mi parte creer que el amor podía salvarnos. Mientras yo tenia varios espacios para ti, yo nunca tuve un espacio en el mañana de tu vida. Pero qué mañana se le puede pedir a las intenciones cobardes de un niño. Que mañana se le puede pedir a alguien que es más palabras que acciones, pues el mañana esta lleno de vacíos que se construyen con pasos no con suspiro, y de un tiempo para acá tu no fuiste más que eso, suspiros, suspiros que se colaron en las intenciones de un nosotros.

Es curioso como tanto tiempo se te fue por en medio de los dedos y de los suspiros, curioso es ver como en un día se nos salio todo de las manos, como despertamos y fingimos olvidar que sabemos hasta los miedos del otro, como luchamos cada día para seguir en pie y fingir que lo que nos duele no son los recuerdos y pasamos ese vació a un sin fin de cosas, le rebuscamos pretextos a cada mal para hacernos creer que lo que nos duele no es la ausencia del otro, para que el final del día terminemos recordando que hubo un otro que ahora ya no esta y que es posible que eso sea lo que duele, por que hay recuerdos que nunca se van y tiene una marca del lugar de donde vinieron y de quien los hizo inmortalizarse en la memoria.

Y llega ese momento donde pedimos a gritos que nos devuelvan el tiempo y todo lo que quisimos, las películas que compartimos, las risas que gastamos, lo andado, las confesiones que no se le tenia planeadas a nadie, lo llorado y los te amo importantes, y es ahí donde la gente comienza a sentir que perdió tiempo queriendo, y digo la gente por que yo no perdí tiempo, tal vez gaste acciones que al final no merecías, pero nunca perdí el tiempo contigo, por que no se pierde el tiempo con lo que te hizo más sonrisas en la memoria que heridas en el alma.